domingo, 13 de noviembre de 2016

¡Bienvenidos¡

Aquí os dejo una parte de la entrevista que me hicieron en el programa "Siéntate en el chester", así veréis un poco más sobre qué trata el blog.


¿Es posible vivir en paz en el siglo XXI?

 En la actualidad vivimos rodeados de conflictos; en los titulares de los periódicos generan más impacto las noticias negativas que las positivas; la sociedad nos exige un ritmo de vida acelerado; vivimos buscando la aceptación social y nos preocupamos más por gustar a los demás que a nosotros mismos; etc. Se podría seguir poniendo ejemplos que reflejan cómo la realidad que nos rodea nos está alejando de una armonía personal y social; pero lo que se pretende con este ensayo es reflexionar de manera conjunta sobre lo que uno puede hacer para alcanzar esa paz.

La sociedad en la que vivimos es cada vez más globalizada, aunque no por ello más abierta. Nos exige una capacidad “multitasking” que nos lleva a estar en mil cosas y a la vez en ninguna, ya que no nos detenemos a reflexionar ni a profundizar.  Esto impide focalizar nuestra atención en algo o en alguien y, por ello, se podría decir que nos hemos transformado en personas menos abiertas, porque hemos llegado a perder esa capacidad de escuchar al que tenemos más cerca aun estando conectados con alguien que esté en la otra parte del mundo. La escucha, el atender y el comprender son tres requisitos imprescindibles para saber dialogar, entender al otro y llegar a una paz que vela por un bien común. Hoy en día, el diálogo que permite llegar a este acuerdo común, se ha olvidado;  ya que prima más la regla del más fuerte, no ceder en nada ante el otro. Quizás por eso, las guerras no terminan; porque el poder no da paso al diálogo y por ello solo existen ganadores y perdedores.

Sin ir más lejos, centrándonos en nuestro día a día, podemos decir que no tenemos ni tiempo ni momento para poder parar, mirar y reflexionar sobre lo que realmente queremos en nuestra vida y en la vida de los demás. Esta aceleración nos hace estar continuamente pendientes de lo que tenemos que hacer después sin fijarnos en lo que estamos haciendo ahora. El vivir en el futuro nos crea una inseguridad de no poder controlar nuestras acciones, que en ocasiones nos quita ese equilibrio, armonía o paz. Da la sensación de no estar viviendo nuestra propia vida, de que no somos nosotros quienes controlamos nuestros momentos, sino que parece que son ellos quienes tienen las “riendas” de nuestra vida.

Ahora bien, ¿es la sociedad en la que vivimos la que nos quita la paz o somos nosotros mismos quienes no nos preocupamos en buscarla? Es cierto que no podemos cambiar radicalmente la forma en que vivimos pero sí podemos dedicar parte de nuestro tiempo a hablar con nosotros mismos, preguntarnos si nos gusta o no lo que tenemos, si lo que hacemos es para que se cumpla lo que queremos en la vida y si realmente tiene un sentido o se encamina hacia lo que buscamos; es decir, ¿somos nosotros quienes dirigimos nuestra vida? Tener un conocimiento sobre nosotros mismos y saber por qué y para qué queremos lo que queremos, nos da una libertad personal, un equilibrio, una armonía, una tranquilidad y una paz interior para saber vivir con coherencia y aprovechar esos momentos que te da la vida pese a las distintas circunstancias externas que trae consigo. Por eso, sabemos que es posible vivir en paz en el siglo XXI, porque no depende de un siglo en concreto sino de cómo viven las personas dentro de esa época.

        Al escribir este ensayo en grupo, nos hemos dado cuenta de la cantidad de aspectos que configuran la paz: desde las relaciones sociales a las relaciones inter e intrapersonales. Hemos hecho un breve resumen en estas 600 palabras pero han quedado muchos más ideas en el diálogo que tuvimos y que creemos que nos han enriquecido un poco más. Dejamos una foto de lo que apuntamos para poder realizar esta reflexión.


Gracias

A veces, tenemos la tendencia a creer  que si algo ocurre en nuestra familia, por lógica, ocurrirá también en el resto de las mismas. Pero para bien o para mal, esto no es así. Aunque las familias guardan similitudes  entre sí, cada una de ellas es un mundo. La familia es el primer vínculo afectivo que establecemos con personas cuando llegamos al mundo. Nos quieren por ser tal y como somos  y eso es lo bello de la unión familiar, el amor incondicional que existe.La familia es nuestro punto de partida a través del cual conocemos el mundo. Es nuestro apoyo, nos hace sentir seguros ante la adversidad. Tristemente, esto no siempre ocurre, también hay casos de familias que no aceptan a miembros de la misma, ya sea por su condición sexual, ideología política o religiosa o por otros diversos motivos.

Un amigo mío es adoptado. Por lo que me ha contado su infancia no fue del todo fácil y por terribles circunstancias, su madre lo abandonó en la puerta de un hospital cuando tan sólo era un bebé. Más adelante, fue acogido en un internado, en el mismo país en el que había nacido, Bolivia. Años después, una familia española lo adoptó y por ello tuvo que viajar hasta aquí, donde actualmente reside. Durante prácticamente toda su infancia y parte de su adolescencia sufrió acoso por parte de sus compañeros de colegio y en la actualidad ni siquiera conoce el paradero de su madre. Le gustaría saber qué es de ella, pero cree que es muy difícil poder averiguarlo ya que no sabe cómo se llama, y apenas sabe si todavía vive.  A lo largo de toda su corta vida ha tenido muchos problemas de autoestima, no creía que él pudiera llegar a ser alguien en la vida, nadie le había hecho sentir que era importante, que valía la pena. Una vida llena de rechazos, inseguridades que aún le pesan sobre su espalda. Preguntas que todavía ronda por su cabeza: ¿si mi madre no me quiso, quién me va a querer?, o un miedo terrible que siente a quedarse sólo en el mundo, a no ser capaz de crear una familia en un futuro.

Todos esos capítulos que forman parte de su historia, no pueden ser arrancados de un plumazo así como así de su cabeza. No le podemos decir: “bueno, trata de ser más seguro de ti mismo, o de gustarte un poco más” No,  eso lleva un proceso. Desgraciadamente este chico ha sufrido unas carencias afectivas debido a que no ha tenido a su familia biológica cerca entre otros motivos. Y lamentablemente, la relación que mantiene con su familia adoptiva no es demasiado estrecha.


Este tipo de historias trágicas que desafortunadamente ocurren, nos hacen darnos cuenta de que tener una familia es un regalo que tenemos y por el que tenemos que estar tremendamente agradecidos. Como dice la canción, “el amor es una planta que se riega a diario” así que, si tenemos ese gran tesoro, que es contar con una familia que nos quiere y nos acepta como somos, tenemos que aprender a cuidarlo día a día, y por supuesto conocer estas historias para poder darnos cuenta de la suerte que tenemos.

Perdóname,perdónate

Cuando escucho la palabra perdón, en una primera instancia me suena a perdonar a otros, pero me paro a pensar y digo: también tenemos que perdonarnos a nosotros mismos en algunas ocasiones. Puede que en el pasado hiciéramos algo de lo que ahora mismo nos arrepentimos, pero también tenemos que pensar que en ese momento creímos que era lo correcto, ya no podemos cambiarlo, lo que si podemos tratar de cambiar es la manera en la que nos afecta hoy por hoy.
Siempre he pensado que perdonar y olvidar son dos palabras que van unidas, las dos caras de una misma moneda. Pero claro, esto es aplicable a situaciones en las que el dolor que ha provocado un daño es menor, ya sea una riña con un amigo, un enfado conmigo mismo por no haberlo dado todo en un examen, u otras tantas situaciones que pueden ser de la vida cotidiana. Pero me paro a pensar y digo: ¿puede perdonar una madre al asesino de su hija? Es una gran pregunta, que supongo que no tiene respuesta, ya que no podemos generalizar, pues cada persona es un mundo y la manera de reaccionar ante los males que nos ocurren es diferente en cada persona.

Supongo que el perdón  supone un alivio, pues vivir recordando eso que nos hace tanto daño nos hace no  ser nosotros mismos totalmente,  pues siempre está rondando en nuestra cabeza  y no nos deja vivir en paz y armonía. Aunque perdonar no sea una obligación legal, si lo es moralmente desde mi punto de vista, aunque imagino que no en todas las situaciones ni en todas las personas surja ese sentimiento de querer perdonar lo que la otra persona hizo. El perdón puede ir formándose como hábito a lo largo de nuestras vidas, para poder dejar nuestro ego a un lado, ya que aunque haya enfocado el tema en cómo perdonar al otro, también es costoso en ocasiones, olvidarnos de nuestro orgullo propio por un momento y pedir perdón al otro por algo malo que hemos hecho.

Creo que las palabras perdón y olvido están estrechamente relacionadas con la venganza. A lo largo de mi vida he podido conocer a gente que se siente orgullosa de ser vengativa, la venganza es una forma de darles su merecido, devolvérsela con  la misma moneda, hacerles sentir lo que ellos me han hecho sentir a mí. Pero en realidad, lo que eso hace es volver a abrir la herida y agrandarla más. “El tiempo todo lo cura” solemos decir, aunque en realidad el tiempo en sí no hace nada, lo que ocurre es que con el paso del tiempo vemos el problema desde otra perspectiva y puede que nos deje de parecer tan grave como parecía en un principio.


 Buscando inspiración en algunas webs de internet, he encontrado blogs donde se afirma que perdonar menoscaba la culpabilidad del victimario, es decir, hace parecer que lo que hizo no fue tan grave. La verdad es que no creo que sea así, simplemente veo que se reconoce la culpa de quien lo hizo mal, pero todos cometemos errores en la vida, unos más graves que otros, pero al fin y al cabo no podemos condenarnos entre nosotros eternamente, la vida sigue, así que la mejor opción que contemplo es la de vivir en paz tras haber perdonado, y con el tiempo se verá si lo podemos olvidar o no.

Los miedos son dudas no resueltas


Hace unas pocas semanas le pregunté a un amigo mío: ¿y tú a qué  tienes miedo? Él me miró un poco sorprendido y me dijo muy seguro de sí mismo: “Yo, a nada” y yo pensé para mis adentros “no me lo creo”. Soy de las personas que piensa que todos tenemos miedo a algo, ya sea a las arañas ,a los pájaros o  a algo más abstracto como la soledad o miedo a tener miedo, como dicen algunas de las preciosas frases que leemos a diario en Instagram.

Considero que  a lo largo de nuestros días es imposible que jamás salgamos de nuestra querida zona de confort y experimentemos ese nerviosismo, expectación hacia lo nuevo, o dicho de otra manera miedo hacia lo extraño. Da la sensación que da más seguridad aquello que consideramos próximo a nosotros, semejante, incluso podríamos decir normal. Pero la pregunta que me hago constantemente cuando alguien habla de algo normal es: ¿qué es en realidad normal? Sí, de acuerdo la propia palabra lo dice, lo que se considera norma o regla social, pero a mí la palabra normal me suena a alguien o algo que no quiere salirse de la habitual para pasar desapercibido y no resultar algo raro ante los demás. Por ello creo que deberíamos admirar más a aquellas personas que no les asusta ser diferentes, quieren serlo, y no mirarles como un bicho raro, sino tratar de conocerles.

Lo que más nos puede diferenciar entre nosotros a priori es nuestro estilo en la forma de vestir, a partir de ahí  nos hacemos una idea de cómo es la otra persona, aunque a veces nos equivoquemos soberanamente. A lo que me refiero con esto es que la primera impresión y la apariencia de una persona es lo primero  que observamos, y de ello hacemos uso muchas veces para creer que no tenemos nada que ver con esa persona, únicamente por el modo de vestir, lo cual es una pena. Puede que estemos cerrando puertas a conocer a alguien  excepcional por el mero hecho de que su apariencia es totalmente opuesta a la nuestra, por eso me encantaría vivir en un mundo en el que estuviéramos dispuestos  a conocer a personas de todo tipo, cualquier nacionalidad o  edad, porque desde mi punto de vista los estereotipos actualmente son bastante cerrados y muchas veces se quedan en prejuicios. Por ello otra vez quizá esté hablando de miedo, miedo a lo diferente.

Incluso a veces ocurre con temas controvertidos como tauromaquia, política o religión en los que personas se niegan rotundamente a escuchar la opinión del otro, a debatir. Creo que una de las características fundamentales de una persona rica intelectualmente es la escucha, y por ello como mínimo tenemos que escuchar lo que nos demás nos quieren decir y tratar de entenderles.Puedo llegar a entender que algunos jóvenes tengan opiniones radicales a cerca de diversos temas, pero eso no tienen que significar que no puedan escuchar la opinión del resto, ya que creo que es una de las manera de abrir la mente y tener una visión más global de la realidad.


De todas formas... ¿qué hay de malo en tener miedo a algo? El miedo nos hace ser más fuertes, esforzarnos para superar las adversidades y lo que nos asusta. Si todo en la vida nos pareciera cómodo y alcanzable, nuestro nivel de esfuerzo sería siempre el mismo, en cambio, al tener que hacer frente a nuevas situaciones y retos, nuestra actitud cambia.Así que no tengamos miedo a tener miedo, y si alguien alguna vez os pregunta si os asusta algo, pensad que no sois los únicos a los que les da miedo algo.

Empecemos



Allá por el año 1996, no hace tanto en realidad, un invernal día 11 de marzo, a pesar de que tan sólo 8 años más tarde ese mismo día querría ser olvidado por muchos, nací yo,  Amaia Garriz Chaves. De origen español, y nacida en Navarra, aunque mis abuelos nacieron en un pequeño pueblo en Extremadura llamado “Fuente del maestre”, del que tantas divertidas anécdotas he podido escuchar de mi abuela, y que cuando pienso que ya me las ha contado todas, siempre hay alguna nueva que contar. Gracias a ella he podido descubrir que cumplir años y envejecer no tiene por qué ser sinónimo de tristeza o melancolía, sino que deberíamos aprender a vivir el momento y no preocuparnos tanto por el mañana, disfrutar, reír, ser positivos, ayudar a los que queremos y mirar siempre hacia adelante, cómo ella siempre  ha hecho y hace día a día. Otra figura muy importante en mi vida es mi madre, a pesar de que cuando era más pequeña no me sentía tan cercana a ella; supongo que como todo adolescente que se ve más reflejado en sus amigos que en sus padres y pretende ser independiente aunque sea por sólo un rato. Hoy por hoy, le miro y digo: “para mí ella es mi modelo de mujer luchadora, fuerte, y que puede con todo lo que la vida le ponga  por medio” y soy consciente de que tenerlas a ellas a mi lado me han hecho ser la persona que soy a día de hoy.

En mi tiempo libre me encanta disfrutar de la música que es una de mis grandes pasiones, concretamente cantar; no imagino mi vida sin música, la verdad. Por ello, no hace mucho decidí inscribirme en un concurso de canto y  para mí  fue una experiencia inolvidable. Personalmente creo que los sueños pueden permanecer eternamente como sueños, a no ser que luchemos por ellos y los persigamos. Leer también me parece apasionante, puede transportarte a otras épocas, otras formas de vida, sentirte totalmente identificada con los personajes, dejar volar tu imaginación….


Llegó 2º de Bachiller y los profesores ya empezaban a explicarnos más detalladamente qué carreras podríamos elegir, tanto en la Universidad Pública, como la Privada, no por simple amabilidad, sino más bien porque el año que viene ya empezaríamos la universidad, a no ser que nos decantáramos más bien,  por un estilo americano de hacer un año sabático antes de convertirnos en universitarios, lo cual era bastante poco probable; por tanto teníamos que ir haciéndonos una ligera idea a cerca del abanico de opciones . Mi cabeza estaba hecha un lío y todavía la situación era más graciosa cuando alguna compañera de clase me decía que ella ya tenía claro lo “qué quería ser de mayor” desde pequeña. Impresionante. Eso sí que era tener las cosas claras y lo demás son tonterías. Finalmente me decanté por estudiar Magisterio y Pedagogía.Sí, Magisterio está claro lo qué es, pero puede que todavía algún despistado pregunte qué es la Pedagogía exactamente. Y algunos podrían decir: ¿por qué  elegiste este grado? Pues bien, porque considero que la educación es una de los medios más poderosos que existen para conseguir  cambiar la sociedad y por ello me gustaría dedicarme a la educación en un futuro próximo, además admiro profundamente a todos aquellos docentes que se colocan cada día frente a su grupo de alumnos, sumado a otras muchas labores, a pesar de que hoy en día parece que no se valora demasiado esta profesión, así que ojala con el tiempo todos nosotros ayudemos a que esto cambie.